jueves, 2 de enero de 2014

LA SALUD DESDE OTRA OPTICA

Desde la llegada de los españoles, también llegaron los médicos, pero desde entonces los médicos hemos sido parte del sistema de dominación, encargados de ayudar a la gente a soportar sus dolencias que eran producidas, en mucho, por la forma como sus vidas servían a conceptos morales, a modelos productivos, a relaciones de clase, a formas de opresión y sometimiento.
Al empezar mi trabajo en Tonchigüe le dije a los afiliados del Seguro Social Campesino, que la diferencia que yo mantenía con otros médicos, es que si una mujer maltratada llagaba a ser atendida por mí, yo la curaría, pero no para que vuelva a soportar una golpiza.
Es desde este punto de vista que parte mi visión de la salud, ahora animada por un herpes ocular que me afecta el ojo derecho  debido a que en accidente perdí el bazo, por lo que soy inmunosencible, algo con lo que tendré que convivir hasta mi muerte, pero uso al herpes ocular como un indicador de mi estado físico, él me ayuda a reconocer cuando estoy debilitándome.
Pienso que la salud es un estado de ánimo que nos permite el goce de nuestra existencia en un camino contrario a la debilidad física, mental y ambiental, entendiéndose como ambiente el entorno social y ecológico que nos rodea.
Queda por definir esto de fuerza y de debilidad.  Lo más fácil es empezar por definir que es debilidad, porque de la mayor debilidad nace la mayor fuerza.  Debilidad es cuando la energía no encuentra un sendero y se dispersa, se disuelve y finalmente desaparece.
La fuerza es una energía canalizada que tiene la capacidad de incidir.
Aun me acuerdo las palabra de un viejo shaman urbano de Quito llamado Celso, un político filosofo, que desde la izquierda revolucionaria militante, emigró a las drogas, hasta llegar al encuentro con la energía vital humana, a la cual favorecía rescatando de la incertidumbre, el dolor y la duda a muchas personas.
Entonces la salud es un estado de ánimo que nos saca de la debilidad, del dolor, de la duda, de la angustia, del sometimiento.
El sometimiento puede ser a un dogma religioso, a un motivo económico, a una situación familiar, a una condición personal, a una ley injusta, a un rol infame, a una desgracia propia, adquirida o heredada, a una idea traumática, etc.  El sometimiento en sí es un estado de enfermedad, sea un autosometimiento o un sometimiento forzado desde afuera.
De acuerdo a esta definición, la salud no es un estado, sino una energía, y las energías se construyen, esta energía se la construye desde el propio conocimiento, el conocimiento del entorno y la búsqueda permanente.
Para construir la salud, debemos considerar a nuestro cuerpo, como punto de partida, luego, a nuestro entono, tanto  histórico-social como geográfico- ecológico y el momento que vivimos tanto el médico como el paciente.
La debilidad puede invadirnos.  A la debilidad que puede tener miles de formas a las que llamamos enfermedad, nos puede llegar desde afuera o desde adentro.  Desde afuera por lesiones, virus, bacterias, parásitos, accidentes, alimentos, venenos, etc.  Desde adentro por ideas, emociones, percepciones distorsionadas, deficiencias funcionales, agotamiento, colapso de un órgano o función. etc.
Para liberarnos de la debilidad y del sometimiento, se hace necesario el ejercicio, el pensamiento, el conocimiento, los recursos materiales, personas, y condiciones favorables.
Para conseguir aquello se hace necesario un proceso de construcción, en que desde la mente, el cuerpo se crea las condiciones y las cualidades para  transformarse y cambiar el entorno.
Este proceso parte de la idea de que la vida es el goce pleno del cuerpo, mediante el desarrollo de virtudes y cualidades mentales, físicas, sociales, o de relación con la naturaleza.
El goce del cuerpo parte de la percepciones, y la capacidad del individuo de percibir, de sensaciones, que vienen del sentimiento de satisfacción, interés, atracción, frente a los sentimientos de dolor, angustia, minusvalía, incapacidad.
Al colocar en la balanza el placer y el dolor, la satisfacción y la insatisfacción, el conocimiento y la ignorancia, la libertad y la opresión podemos entonces medir en nivel de fuerza o de debilidad que tiene una persona y con ello descubrir la causa de esa debilidad, que puede ser una enfermedad, una idea, una persona, una conducta, una relación social, una imposibilidad, una angustia, etc.
Para encontrar la debilidad, debemos partir de la relación actividad y reposo, luego, alimentación y consumo energético, respiración y movilidad, conducta mental y conducta física, conducta sexual y conducta reproductiva, aislamiento y participación social, relación con la naturaleza y relación con los espacios artificiales, relación con las personas y con las leyes, relación con el trabajo y con el descanso, relación con el conocimiento y con la experiencia, relación con el consumo y con los desechos del consumo.
En principio pareciera que es muy difícil esto, pero en cada paciente y en uno mismo como terapeuta la simple conciencia de que para entender la salud propia y ajena parte de tener conciencia de que en uno de estos factores está la debilidad y que desde allí parte la enfermedad ya es el primer paso.
Tras descubrir esto, nos queda por construir la salud, para lo cual debemos partir de que existe una sociedad del conocimiento que puede reconocer y cada día más estos elementos.  Pero además que la salud es una vivencia personal que se puede compartir y en ese caso pasa a ser  una vivencia familiar, barrial, comunitaria, nacional y de la especie humana.
Para construir la salud hay que partir de la debilidad que nos agobia,  pero no sólo vencer el dolor, la fiebre, la postración, el malestar, la incapacidad, sino que debemos identificar la causa, para aplicar la terapia adecuada, y luego a partir de esa debilidad iniciar, la construcción de fortalezas que nos permitan resistir un nuevo episodio  de la debilidad que nos afectó.
Este construir fortalezas a partir de debilidades es el camino que nos lleva a vivir la salud, y vivir la salud se concreta la conciencia plena  del goce de existir, traducido en satisfacción fortificante, porque existen satisfacciones debilitantes, como la que nos dan las dependencias, las drogas, el sexo culpable, el daño ajeno, la violencia, y muchas otras formas de satisfacción debilitante, en que la persona se siente vacía, insatisfecha, ansiosa, degradada, enajenada, frustrada, inútil, miserable, perdida,  luego de haberse complacido.
Este camino hacia la debilidad, que es donde la energía se agota, se disuelve, de pierde, se desbarata, es como llegamos a la enfermedad.   El camino a la enfermedad puede venir por agresiones propias, por agresiones y agresores del entorno, estos agresores del entorno pueden ser seres vivos, elementos no vivos, conductas sociales, familiares, educativas, conductas religiosas, leyes, mandamientos, a tal punto que cada persona puede ser susceptible aun tipo diferente de factor agresivo.
El trabajo de un terapeuta, sea médico, chaman, curandera, partera, culebrero, dentista, etc. es simplemente ayudar al enfermo a reconocer a su factor agresor y juntos combatirlo, hasta vencerlo, o liberar al individuo de cualquier forma de opresión que lo debilita, pero además ayudarlo a reconstruirse como ser vivo y como persona con fuerza para superar estas debilidades, agresiones y factores agresivos.




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