anuario de estadísticas hopitalarias del Ecuador
Tras la salida de Esmeraldas de la compañía United Fruit, Esmeraldas vivió nuevamente sumida en el olvido como al final de la insurrección de Carlos Concha en 1917.
En 1974 me encontraba insatisfecho en el primer año de Derecho de la Universidad Católica, por cuanto en esa universidad se respiraba un ambiente de élite aristocrática serrana, que me hostigaba, así que tome una mochila, cien ssucres equivalente a 20 dólares y me marche a conocer el Ecuador. recorrí la Amazonía desde Puyo hasta Macas. luego fui a visitar a mis parientes en Cuenca, y continué mi viaje a Loja, Zomora, El Oro Guayaquil, la costa de Manabí entré por Cojimies y Daule, cruzando Mompiche a Muisne, luego continué por la costa de acantilados, a pie hasta Tonchigue y llegué donde unos amigos pescadores en Playa Ancha de Tonsupa los Domínguez.
Me había tardado 3 meses en ese recorrido y lo que vi al vivir en casas de campesinos que me daban alojamiento y comida, era que su mayor problema eran las enfermedades así que decidí ser médico.
Para aquel entonces el Ministerio de Salud tenía 6 años de formado y los primeros médicos rurales y del Seguro Social Campesino para los pocos hospitales cantonales, eran profesionales carente de todo, desde medicinas e instrumental hasta de el más mínimo conocimiento del lugar e incluso de la manera como las enfermedades se manifestaban en los lugares que por sorteo les tocaba trabajar.
La vida en los campos dependían de curanderos, parteras y sobadores, y en muchos casos como en los del tétanos, las mismas parteras lo provocaban. Pero en otros eran exitosos.
La primera causa de muerte era la diarrea infantil en el país, y en Esmeraldas, el lugar que me impresionó, la diarrea infantil era espectacular al igual que la malaria, el tétanos y las picaduras de serpiente.
Estudié medicina desde 1975 a 1981, pero en las vacaciones de 1976 comencé a visitar solo o con amigos, Muisne, la playa que me pareció más bonita por ser una isla. A ese lugar habían llegado unos sacerdotes escapados de la persecución de Pinochet, el terrible dictador de Chile.
Llegamos con poca plata con mi amigo Jorge Ponce y para ahorrarnos lo del hotel, pedimos posada en la casa de la curia. Entonces conocí al padre Graciano y al padre Julíián que eran sacerdotes italianos, seguidores de una nueva doctrina de la Iglesia llamada Teología de la Liberación.
Mi amigo Jorge y yo fuimos compañeros del Colegio en el Colegio Brasil de Quito, una academia militar, en ese entonces, en que los militares habían llegado al poder mediante la dictadura de Rodríguez Lara, y el país empezaba la época petrolera. Entre mi amigo y yo siempre hubo una ideología opuesta pues yo al llegar a la universidad me interesé por el marxismo, del que mi hermano un renegado incomprendido, era un fanático, en tanto Jorge era un burgués hijo de una familia arstocrática y tradicional de Quito, peroyo también era un muchacho de La Mariscal, en aquel entonces el barrio de las embajadas, el cuerpo diplomático y la aristocracia de la capital, donde mi padre era el más famoso abogado en derecho civil. Hoy sigo viviendo en la Mariscal pero trabajo en los campos.
Aquel día Jorge, salió a la calle camino al puerto de Muisne, cuando yo estaba dormido y apostó el poco dinero que nos quedaba en un juego de encontrar la pepita debajo de la tapa. En esta situación, tuvimos que ayudar a los padres y hacer trabajos de limpieza de la casa parroquial para ganarnos la comida, para regresar tuvimos que caminar por la costa entre acantilados cuando la marea subía y lo complicaba todo y un tupido bosque sin cielo donde nos perdimos hasta llegar a Quingue, una aldea de pescadores, en que una camioneta nos llevo a Atacames y de allí a pedir auxilio a nuestros padres para pagar los pasajes.
Entre las cosas que hice para los padres fue dar clases de parasitología a los promotores de salud que estaban formando, para la Organización Campesina Muisne Esmeraldas. También les ayudé con dibujos para un folleto mimeografiado que contaba la historia de Muisne y de la OCAME.
En 1980 para escapar de una novia, y de las peleas familiares entre mi padre y mi madre, que se había enterado que ya no era la única madre de los hijos de mi padre, me marche a Esmeraldas, donde mi padre había comprado un departamento en la Mutualista Vargas Torres, para vivir allá, pues había sufrido su primer infarto cardíaco y quería un lugar en la costa pero cerca a un hospital.
En Esmeraldas hice mi internado rotativo. Para ese entonces la situación de Esmeraldas no podía ser más calamitosa. Era una ciudad extremadamente sucia, pues no existía un sistema regular de recolección de basura, con el barrio miseria mas grande en proporción a la población, donde desembocaban las aguas servidas de la ciudad y la gente vivía en casuchas de caña montadas sobre pilares de mangle, las calles eran puentes de madera sobre un apestoso lodazal, esta zona miseria era tan grande que el numero de habitantes superaba a los que vivían en el resto del la capital provincial, se vivía un drama de miseria urbana superado sólo por la terrible Guayaquil. Se carecía de agua, problema que persiste hasta hoy y el hospital provincial del Ministerio de Salud, llamado Delfina Torres de Concha se había quemado.
Llegué a Esmeraldas, movido politicamente por mi amigo Luis Muñoz, miembro fanático del la izquierda chilena, que había ido a Nicaragua a colaborar con la Revolución Sandinista, y que incluso se caso con una nicaraguense, cuando el presidente Jaime Roldós apoyó ese proceso en 1979, enviando estudiantes del ultimo año de medicina, para que ayuden allá. Eramos 16 estudiantes de la Universidad Central, que llegamos a un hospital de 25 camas improvisado en donde ahora funciona la Dirección Provincial de Salud de Esmeraldas. Era tal la situación de este hospital que en repetidas ocaciones me tocó atender partos en el piso, por falta de camas y salas de parto.
En aquel lugar puede dimensionar lo que era la práctica médica irresponsable, pero además "arrecha", donde lo importante era salvar vidas con lo que se tenga a mano, y como los médicos tratantes de ese hospital, graduados para ese entonces todos en la Universidad de Guayaquil, hacían el más insensible y cruel negocio con el dolor y la ignorancia del pueblo.
Para eso inclusive no eran capacaes de hacer nada para descontaminar los dos quirófanos que había, y con ese pretexto derivaban los pacientes a sus clínicas particulares sin ningún control sanitario, donde los apéndices fantasmas, lo abortos, y otras cirugías y terapias diagnosticadas al ojo, o en los laboratorios y RX de sus amigos, pues los del hospital solo servían para que los laboratoristas, radiólogos y anestesistas cobren el salario, esto les llenaban los bolsillos de dinero al igual que las recetas con medicinas que se vendían en sus farmacias, porque el hospital siempre estaba desabastecido.
Fue tal la situación que del año de practicas en el ese hospital, en el ciclo de cirugía y el ginecobstetricia, no puede nunca estar en una operación durante 6 meses que los quirófanos no funcionaron, porque no se habían podido descontaminar.
Finalmente nos levantamos los internos y protestamos, paramos el hospital y con ello el gobierno y el pueblo de Esmeraldas, por primera vez supo de la podredumbre que se manejaba en su principal casa de salud, pero hasta mi salida nada cambió.
Para vivir y entender la situación real de Esmeraldas, mas allá del hospital, me metía al llamado Barrio Venecia en la parada 11 de la Avenida Librtad y animaba a los jóvenes a hacer deporte, para lo cual los llevaba a Autoridad Portuaria y en el estacionamiento, los entrenaba en atletismo. Formamos el club llamado los "Oceavos", con los que nos hicimos una bella caminata desde Esmeraldas hasta Tonsupa por la playa, cruzando los arrecifes y encontramos una águila lisera o martín pescador mal herido, lo llevamos al barrio y allí lo cuidamos hasta que pudo volver a volar y fue nuestro símbolo.
La llegada del primer pediatra, el Dr. Walter Caicedo, que venía a devengar su beca en este hospital, le cambió la cara la la práctica médica que se vivía aquí.
Tras la salida de Esmeraldas de la compañía United Fruit, Esmeraldas vivió nuevamente sumida en el olvido como al final de la insurrección de Carlos Concha en 1917.
En 1974 me encontraba insatisfecho en el primer año de Derecho de la Universidad Católica, por cuanto en esa universidad se respiraba un ambiente de élite aristocrática serrana, que me hostigaba, así que tome una mochila, cien ssucres equivalente a 20 dólares y me marche a conocer el Ecuador. recorrí la Amazonía desde Puyo hasta Macas. luego fui a visitar a mis parientes en Cuenca, y continué mi viaje a Loja, Zomora, El Oro Guayaquil, la costa de Manabí entré por Cojimies y Daule, cruzando Mompiche a Muisne, luego continué por la costa de acantilados, a pie hasta Tonchigue y llegué donde unos amigos pescadores en Playa Ancha de Tonsupa los Domínguez.
Me había tardado 3 meses en ese recorrido y lo que vi al vivir en casas de campesinos que me daban alojamiento y comida, era que su mayor problema eran las enfermedades así que decidí ser médico.
Para aquel entonces el Ministerio de Salud tenía 6 años de formado y los primeros médicos rurales y del Seguro Social Campesino para los pocos hospitales cantonales, eran profesionales carente de todo, desde medicinas e instrumental hasta de el más mínimo conocimiento del lugar e incluso de la manera como las enfermedades se manifestaban en los lugares que por sorteo les tocaba trabajar.
La vida en los campos dependían de curanderos, parteras y sobadores, y en muchos casos como en los del tétanos, las mismas parteras lo provocaban. Pero en otros eran exitosos.
La primera causa de muerte era la diarrea infantil en el país, y en Esmeraldas, el lugar que me impresionó, la diarrea infantil era espectacular al igual que la malaria, el tétanos y las picaduras de serpiente.
Estudié medicina desde 1975 a 1981, pero en las vacaciones de 1976 comencé a visitar solo o con amigos, Muisne, la playa que me pareció más bonita por ser una isla. A ese lugar habían llegado unos sacerdotes escapados de la persecución de Pinochet, el terrible dictador de Chile.
Llegamos con poca plata con mi amigo Jorge Ponce y para ahorrarnos lo del hotel, pedimos posada en la casa de la curia. Entonces conocí al padre Graciano y al padre Julíián que eran sacerdotes italianos, seguidores de una nueva doctrina de la Iglesia llamada Teología de la Liberación.
Mi amigo Jorge y yo fuimos compañeros del Colegio en el Colegio Brasil de Quito, una academia militar, en ese entonces, en que los militares habían llegado al poder mediante la dictadura de Rodríguez Lara, y el país empezaba la época petrolera. Entre mi amigo y yo siempre hubo una ideología opuesta pues yo al llegar a la universidad me interesé por el marxismo, del que mi hermano un renegado incomprendido, era un fanático, en tanto Jorge era un burgués hijo de una familia arstocrática y tradicional de Quito, peroyo también era un muchacho de La Mariscal, en aquel entonces el barrio de las embajadas, el cuerpo diplomático y la aristocracia de la capital, donde mi padre era el más famoso abogado en derecho civil. Hoy sigo viviendo en la Mariscal pero trabajo en los campos.
Aquel día Jorge, salió a la calle camino al puerto de Muisne, cuando yo estaba dormido y apostó el poco dinero que nos quedaba en un juego de encontrar la pepita debajo de la tapa. En esta situación, tuvimos que ayudar a los padres y hacer trabajos de limpieza de la casa parroquial para ganarnos la comida, para regresar tuvimos que caminar por la costa entre acantilados cuando la marea subía y lo complicaba todo y un tupido bosque sin cielo donde nos perdimos hasta llegar a Quingue, una aldea de pescadores, en que una camioneta nos llevo a Atacames y de allí a pedir auxilio a nuestros padres para pagar los pasajes.
Entre las cosas que hice para los padres fue dar clases de parasitología a los promotores de salud que estaban formando, para la Organización Campesina Muisne Esmeraldas. También les ayudé con dibujos para un folleto mimeografiado que contaba la historia de Muisne y de la OCAME.
En 1980 para escapar de una novia, y de las peleas familiares entre mi padre y mi madre, que se había enterado que ya no era la única madre de los hijos de mi padre, me marche a Esmeraldas, donde mi padre había comprado un departamento en la Mutualista Vargas Torres, para vivir allá, pues había sufrido su primer infarto cardíaco y quería un lugar en la costa pero cerca a un hospital.
En Esmeraldas hice mi internado rotativo. Para ese entonces la situación de Esmeraldas no podía ser más calamitosa. Era una ciudad extremadamente sucia, pues no existía un sistema regular de recolección de basura, con el barrio miseria mas grande en proporción a la población, donde desembocaban las aguas servidas de la ciudad y la gente vivía en casuchas de caña montadas sobre pilares de mangle, las calles eran puentes de madera sobre un apestoso lodazal, esta zona miseria era tan grande que el numero de habitantes superaba a los que vivían en el resto del la capital provincial, se vivía un drama de miseria urbana superado sólo por la terrible Guayaquil. Se carecía de agua, problema que persiste hasta hoy y el hospital provincial del Ministerio de Salud, llamado Delfina Torres de Concha se había quemado.
Llegué a Esmeraldas, movido politicamente por mi amigo Luis Muñoz, miembro fanático del la izquierda chilena, que había ido a Nicaragua a colaborar con la Revolución Sandinista, y que incluso se caso con una nicaraguense, cuando el presidente Jaime Roldós apoyó ese proceso en 1979, enviando estudiantes del ultimo año de medicina, para que ayuden allá. Eramos 16 estudiantes de la Universidad Central, que llegamos a un hospital de 25 camas improvisado en donde ahora funciona la Dirección Provincial de Salud de Esmeraldas. Era tal la situación de este hospital que en repetidas ocaciones me tocó atender partos en el piso, por falta de camas y salas de parto.
En aquel lugar puede dimensionar lo que era la práctica médica irresponsable, pero además "arrecha", donde lo importante era salvar vidas con lo que se tenga a mano, y como los médicos tratantes de ese hospital, graduados para ese entonces todos en la Universidad de Guayaquil, hacían el más insensible y cruel negocio con el dolor y la ignorancia del pueblo.
Para eso inclusive no eran capacaes de hacer nada para descontaminar los dos quirófanos que había, y con ese pretexto derivaban los pacientes a sus clínicas particulares sin ningún control sanitario, donde los apéndices fantasmas, lo abortos, y otras cirugías y terapias diagnosticadas al ojo, o en los laboratorios y RX de sus amigos, pues los del hospital solo servían para que los laboratoristas, radiólogos y anestesistas cobren el salario, esto les llenaban los bolsillos de dinero al igual que las recetas con medicinas que se vendían en sus farmacias, porque el hospital siempre estaba desabastecido.
Fue tal la situación que del año de practicas en el ese hospital, en el ciclo de cirugía y el ginecobstetricia, no puede nunca estar en una operación durante 6 meses que los quirófanos no funcionaron, porque no se habían podido descontaminar.
Finalmente nos levantamos los internos y protestamos, paramos el hospital y con ello el gobierno y el pueblo de Esmeraldas, por primera vez supo de la podredumbre que se manejaba en su principal casa de salud, pero hasta mi salida nada cambió.
Para vivir y entender la situación real de Esmeraldas, mas allá del hospital, me metía al llamado Barrio Venecia en la parada 11 de la Avenida Librtad y animaba a los jóvenes a hacer deporte, para lo cual los llevaba a Autoridad Portuaria y en el estacionamiento, los entrenaba en atletismo. Formamos el club llamado los "Oceavos", con los que nos hicimos una bella caminata desde Esmeraldas hasta Tonsupa por la playa, cruzando los arrecifes y encontramos una águila lisera o martín pescador mal herido, lo llevamos al barrio y allí lo cuidamos hasta que pudo volver a volar y fue nuestro símbolo.
La llegada del primer pediatra, el Dr. Walter Caicedo, que venía a devengar su beca en este hospital, le cambió la cara la la práctica médica que se vivía aquí.
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